domingo, 12 de enero de 2014

Un pelo de tonto

Los de Feisbuc invitan a promocionar páginas.


Luego ya, lo que esas páginas ofrezcan, a los de Feisbuc les importa un pito. Ellos cobran por enchufar contenidos a discreción ataviados de Publicación sugerida, a ver si te gusta.

Así descubrimos Fulfix, "una cura para la calvicie".


Fulfix es "un compuesto natural raro que "revive" el pelo para siempre", afirma Feisbuc, que añade que "EE.UU. ha descubierto un remedio natural que "revive" y estimula el crecimiento", e incluso asegura que "EE. UU. gana a la calvicie", para finalmente recalcar que son "los estadounidenses" quienes lo han descubierto.


Aunque cuando pinchas la Publicación sugerida, te sumerges en el prestigioso Hair Health Journal (Diario de Salud Capilar), que suma a la peculiaridad de "raro" que tiene este producto, que "revive" entre comillas el pelo, la cualidad de sorprendente.

Porque aquí ya ni "lo ha descubierto EE.UU." ni "los estadounidenses", sino que es "un remedio chino ancestral".


La confusión debe de venir porque el Hair Health Journal dice que la pócima ésta la ha creado una dermatóloga "estadounidense de origen chino", la doctora A. Chan.



Parece ser que A. trabajó durante dos décadas "como supervisora en numerosos ensayos clínicos" hasta que "finalmente descubrió el último ingrediente que le faltaba para conseguir un eficaz remedio que mantuvo en secreto durante casi veinte años". Esta frase no tiene sentido, pero qué más da.

"Se trataba de una hierba sumamente inusual que crece en los lugares más recónditos del planeta y cuya distribución y uso han estado estrictamente restringidos hasta ahora".


No se dice qué hierba es, pero sí que gracias a ella el nuevo producto es maravilloso, que "ha dejado boquiabierta a la ciencia" y que A. Chan lo ha patentado.

Se completa la descripción con tres enlaces a esta página tan verde, de Fulfix, donde se formaliza el pedido y donde Antonio, de 37 años, expone que "nuevos cabellos empezaban a crecer allí donde estaba calvo". Por el bien de Antonio, esperemos que no se refiera a las orejas, la espalda o el culo.


De entrar en esta página tan verde antes que en el prestigioso Hair Health Journal, sería más factible que miles de calvos pudieran llegar a creerse que Fulfix es eficaz, que no lo es, porque la página puede dar el pego: resulta tan creíble a simple vista como cualquier otra buena patraña de Internet, y la calvicie no mola.

Por eso es muy recomendable visitar antes el prestigioso Hair Health Journal, porque, aunque esta publicación la fundaron en exclusiva para avalar el producto, la cagaron.

Pero sí, en la página verde de Fulfix el crecepelos puede colar entre los calvos. Incluso gracias a los comentarios: ponen a un entusiasta del Fulfix con nombre de ex ciclista sancionado por dopaje, y a un incrédulo gañán que primero le acusa de vendido pero al final acaba comprando.


Hasta le dedican unos cuantos comentarios a fomentar la compra por Internet, que en ningún caso es peligrosa.


Y puedes comentar, a ver qué te dicen. Pero no te dicen nada, te acaban borrando lo que pongas, sea lo que sea: "vaya mierda de invento", "soy tonto, explicádmelo mejor" o "quiero uno, ¿qué hago?".

Probamos con éstos e incluso con este otro: "Buenas tardes. Me llamo Leopoldo, tengo 39 años y desde hace unos cuantos sufro de alopecia. Me ha cautivado el asombroso descubrimiento de la científica A. Chang y anhelo adquirir un tratamiento completo, cueste lo que cueste. Dispongo de Visa y Mastercard, ¿qué pasos debo seguir? Mi enhorabuena a la doctora A. Chang y ante todo muchas gracias y feliz Navidad" (era Navidad).

Éste no duro ni diez segundos.


lunes, 6 de enero de 2014

Dados a la ciencia

No tenía un duro, pero Robert Rodríguez logró rodar El Mariachi con 23 años. Buena parte de los cerca de 7.000 dólares con los que financió la película los ganó sirviendo de cobaya humana para la industria farmacéutica estadounidense, atiborrándose de sustancias para todo tipo de terapias y sufriendo sus efectos.


Fue sumando ensayos y efectos secundarios hasta que creyó que tenía suficiente dinero para hacer la película, y así, por ejemplo, conoció a un canadiense llamado Peter Marquardt, otra cobaya, que aunque no era actor acabaría haciendo de malo en El Mariachi. Rodríguez lo cuenta todo con detalle en el libro Rebelde sin pasta.


El director, productor, guionista y músico tejano tendrá para siempre unas desagradables cicatrices como evidencia física de algunas de las pruebas a las que fue sometido. Pero no parece que le hayan quedado secuelas psicológicas, pues tras El Mariachi ha dirigido otras 17 películas, todas producidas en Hollywood. También tiene una banda y hace un poco de todo.

Robert Rodríguez y su banda, Chingón, interpretan
Malagueña Salerosa en la Premiere de Kill Bill 2. 

En España también es posible servir de cobaya humana. Es lo que llaman ensayos clínicos.

Es posible ser un conejillo de Indias para experimentos dermatológicos, dietéticos, psicológicos, sobre el sueño o nuevas vacunas. Y hay montones de sitios, se puede elegir.

Normalmente, participar en un ensayo clínico reporta más ingresos cuanto más largo es el tratamiento. En Estados Unidos, la cantidad media diaria es de 120 euros. En España, por algunos ensayos, también. Así que la crisis ha aumentado notablemente el número de personas dispuestas a exponer su cuerpo a experiencias desconocidas para colaborar con la ciencia.


Pero está claro que aquí vamos a lo fácil y tiramos de lo que tenemos más a mano, pues el ensayo clínico más habitual, que acaparan los hombres, lejos de exponerlos a dudosos efectos adversos, se produce con deleite: la donación de semen.

Se supone que donar "es un acto altruista"y "solidario" y "no se puede pagar por el semen". Así que, como "no se puede", lo denominan "compensación por las molestias ocasionadas". Un 'tratamiento' de estos reporta al donante entre 30 y 50 euros por donación/paja. Y en los laboratorios se suelen demandar 25. Así que, a 40 euros: 1.000 pavos.

A éstos le salen 1.200 euros porque pagan a 48 la donación/paja.

También ha engordado considerablemente el número de mujeres donantes de óvulos, que reciben entre 600 y 900 euros por una donación nada placentera, pues conlleva cirugía y visitar la clínica casi a diario durante un mes.

Estas donaciones tampoco pueden pagarse, por lo que se disfrazan de "oportunidad de realizarse un examen clínico completo sobre su fertilidad y su estado general de salud de manera gratuita" (la "compensación económica" sólo ocupa un paréntesis -como éste-).


El caso es que las mujeres se prestan menos a donar porque hacerlo no es agradable, pero se cuentan por millares los hombres que están dispuestos a donar su semen y a recibir una compensación económica "por las molestias y el tiempo perdido".


Muchos acuden hasta con argumentos vocacionales, pues de por sí ya se molestaban en perder el tiempo a diario realizando donaciones a fondo perdido, incluso en repetidas ocasiones, como Jero Pah. Así que por qué no amortizarlo.

Quién te lo iba a decir.

Si te decides, ya sabes que el semen "se recoge por masturbación", aunque en este emotivo vídeo se aporta un incentivo añadido: "para eso tenemos habilitado un lavabo con material gráfico".

Eso sí, vas a ir 25 veces. Pide que lo vayan renovando.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Fauna humana

El reino animal aplicado al género humano da como resultado una fauna peculiar.

Son pocos los animales que se libran de haber adquirido personalidad. El ocelote, se me ocurre. Nunca he oído que le llamen a alguien ocelote. Aunque tampoco frecuento su hábitat.

Los animales humanizados más cercanos son los de corral. Empezado por gallinas y gallos. Esta familia animal es una jaula de grillos. Si no, no se entiende que un hombre cobarde sea un gallina, capitán de las sardinas, y todo lo contrario a un gallo o gallito; pero una mujer cualquiera pueda ser "más puta que las gallinas". También son gallinas las que hablan mucho, como las cotorras o los loros. Luego está el pollo, que es uno más. La polla ya es otra cosa.

Otro clásico son los cerdos y cerdas, gochos y gochas, puercos y puercas. Aquí no hay machismo evidente, como ocurre con gallos y gallinas o zorros y zorras. Se aplica de manera unisex a guarros y guarras, aunque no suele ser lo mismo un guarro que una guarra.


Un pavo o una pava puede ser cualquiera, pero si lo son mucho pasan a gansos y gansas, que define a gamberros reincidentes, pero también a los altos. Los patos humanos, por su parte, suelen estar mareados, con lo cual es más fácil que metan la pata.

Luego hay conejos, mujeres y hombres de amplios dientes palatales, aunque algunos llaman conejas a las mujeres que tienen muchos hijos y conejillo de Indias a quienes sirven de cobaya, un primo hermano. Pero el conejo en sí, como la polla, son de otro ámbito, que engloba incluso a especies marinas, como la chirla, el centollo, la almeja o el percebe.

Que te llamen burro o animal viene a ser lo mismo, aunque también te pueden vender la burra. Sin embargo, el género se nota más en otras especies. Sin ir más lejos, un toro es un tío fuerte y una vaca es una gorda. Aparte están los cabestros, para público disparatado.

También, según la región, un choto es un toro pequeño o un macho cabrío, aunque estar como una chota es estar como una cabra en todas partes, o como un jilguero. En lo que se refiere a machos cabríos influye mucho la edad, porque un cabrito es un capullo, pero cuando el cabrito se hace mayor se convierte en un cabrón. Y, ojo, porque gracias a un cabrón puedes convertirte en una zorra, que es como una lagarta, y viceversa. Inexplicable también el agravio entre que te llamen corderito o borrego.



Los caballos sólo se suelen humanizar para destacar a los que tiene cara de, o utilizar el genérico semental para determinados personajes de buen follar. Aunque añadirle a algo 'de caballo' lo hace más grande, sobre todo si se trata de alguna dolencia, como la gripe de caballo.

Por otra parte, hace tiempo que la heroína logró que el caballo y el burro fueran lo mismo. Lo curioso es que esta cuestión la gestionan los camellos. A veces sirviéndose de mulas.

Entre los animales humanizados más clásicos se encuentran perros, gatos y ratones. El perro es el fiel amigo del hombre, pero los muy perros o muy perras son imprevisibles. Caso aparte es ser un hijo de perra, que es más grave.

En cuanto a los gatos, ellos son ágiles y ellas son guapas. A los de mi pueblo nos llaman así. Hay varias teorías de por qué y todas tienen que ver con trepar por los muros. Lo que está claro es que si los gatos negros dan mala suerte si se te cruzan, como de noche todos son pardos, es más difícil buscarles tres pies; pero así no te dan gato por liebre.



En los dibujos animados, los ratones siempre son los buenos, incluso más que los perros, mientras que los gatos suelen ser malos y/o tontos. Pero una rata es alguien muy malo y un rata un tacaño. También hay ratas de alcantarilla, de peor calaña y no necesariamente murcianas. Un ratón humano también es pequeño y escurridizo, luego está el ratón de biblioteca, mucho más culto.

Otro animalillo de estos es el topo, que aplicado al ámbito humano es quien no ve bien o un infiltrado en algún sitio. También es bastante popular la madre del topo, Topotamadre. No lo confundáis con una musaraña, ni penséis en ellas.


Saliendo de casa y de la granja encontramos otros animales humanizados que tienen más que ver con la montería. Y aquí, no conviene ser catalogado como rumiante del tipo cabrón, venadociervo, pues todos destacan por su condición de cornudos.

La perdiz puedes marearla, pero es más enigmática, porque se puede ser feliz como una de ellas, pero si ya eres feliz, te las comes en pareja.

Un oso es un tío con muchos pelos, o grande, o un gay rollizo y peludo, mientras que una osa es una madre protectora, como una leona; los leones son unos vagos. Por su parte, sean machos o hembras, los osos panda humanos destacan por sus ojeras.

La mofeta, sin embargo, define a hombres y mujeres que apestan, y como la palabra es femenina, no se hacen distinciones de sexo a la hora de humanizarla. Tampoco se hacen al hablar de lobos y lobas, que cuando son humanos no van en manada. Es un clásico el hombre lobo, pero el día que se inventen a la mujer loba, sus pelis serán para adultos.


Por su parte, el lince, especie en peligro de extinción tanto en su versión felina como en la humana, es cosa de astutos, hábiles e ingeniosos, o de los que tienen buena vista, como pasa con halcones y águilas.

En otros lugares del mundo encontramos a los koalas, que retratan a los vagos de aquí, como los perezosos.

Mención aparte merece nuestro primo hermano el mono. No es lo mismo ser un mono, expresión más propia de hombres y quizá de alguna mujer; que ser muy mono, expresión que sólo emplean las mujeres y los gays. Se ve que los hombres imaginan al típico gorila de mala hostia y las mujeres y los gays al mono Amedio.

Los monos, en general, dan mucho juego: se es mona, se baila la mona, se duerme la mona, se está más salido que una mona... Sin embargo, estar con el mono es más complicado, no se pasa bien.

Mono es el gran insulto racista, sobre todo en los estadios. Macaco también. Es la sentencia para futbolistas negros. Para los rubios suele ser maricón.

"Etiqueta verde"-"un mono verde",
"etiqueta encarnada"-"un mono".
Con Franco no existía el color rojo,
y menos de etiqueta.

Océanos y mares, ríos incluso, albergan también animales humanizados de apariencia variopinta. Puedes ser un gamba y meter la gamba, o un tiburón, tener como sucesor a un delfíny llamarle diciendo "ay, tú, calamar". Estar gordo como una foca, morsa o ballena, andar como un pingüino o una tortuga, estar empanao como un atún o un mero, o tener cara de besugo, como Ozil.

Los bichos no se libran tampoco de humanizarse, casi siempre para representar a la peor calaña, como ocurre con cucarachas, babosas, gusanos, moscones, moscas cojoneras, polillas, piojos o con el caracol, que propicia un insulto muy completo, puesto que los caracoles son babosos, cornudos y arrastraos. Cuidado también con las mosquitas muertas. Pero no todos los bichos son asquerosos, hormiguita y abejita delatan a los trabajadores. Y un clásico entre los bichos: mariquita.

Entre anfibios y reptiles, Boa viene a ser lo mismo que pulpo, pero víbora define a personas con malas intenciones. Los lagartijas no paran quietos, pero son peores los camaleones, porque siempre están cambiando de opinión. Hay renacuajos entrañables, pero cuando llegan a sapos dan asco, y lapas que no se van ni a tiros. Y hablando de entrañables: si a cualquier calificativo animal le añades un ito, queda más tierno, incluso en el caso de los cocodrilitos o los escorpioncitos. Evidentemente, no es lo mismo un pollito que un pollo o un pollón.


En la selva, un hiena y un buitre son casi lo mismo, aunque las hienas se ríen; y todo animal grande sirve para gordos, como hipopótamo o búfalo. Este último, además de gordo tiene mala hostia.

Volando también tenemos animales humanizados, y ya hemos citado a algunos, como águilas, halcones o buitres. Hay muchos más, por ejemplo cigüeña o flamenco, para personas de piernas largas. Las cigüeñas también traen niños de París, que después son cuidados por canguros.

Búho o murciélago es para los insomnes y gorrión para los pequeños, como el genérico pajarillo. Un pájaro ya es otra cosa, sobre todo si es de mal agüero. Luego está el famoso palomo cojo, sorprendentemente emparentado con mariquitas.

En realidad, todos los animales son personificables por algo, incluso los mitológicos, los inventados o los prehistóricos, porque quién no conoce a un dinosaurio o a un diplodocus.

Por último, hay personas que directamente adoptan el nombre de un animal y lo añaden al suyo, como el Potro de Vallecas, el Lince de Parla o la Tigresa del Oriente. Si esto se extrapola a futbolistas argentinos, encontramos una fauna autóctona en sí misma, como el Conejo Saviola, el Burrito Ortega o el Mono Burgos.

Seguro que hay muchos más animales de los que tiramos para calificar a otras personas. Pero estresa ir añadiéndolos y a uno acaba dándole la pájara, al margen de que esta entrada ha adquirido ya tal extensión que parece la memoria anual de National Geographic.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

Vidas en chándal

"Chándal: Ropa deportiva que consta de un pantalón y una chaqueta o jersey amplios".

 

Si a esta definición de la Real Academia Española le quitamos "deportiva", puede corresponder a cualquier clase de ropa, incluso al pijama.

De hecho, parece ser que la palabra chándal viene del francés y nada tiene que ver con el deporte; es la abreviatura de "[mar]chand d’ail", vendedor de ajos. Y los que los vendían eran los comerciantes de Limoges, primero, y los de la calle Les Halles de París, después, allá por 1894.

Por lo visto, llevaban unas ropas "amplias y cómodas de canalé" que acabó comercializando en serie y vendiendo en masa a los pijos de la época el fabricante La Gamard d'Amiens, que ponía los precios que quería.

Pero está claro que es el carácter deportivo lo que ha encumbrado al chándal.


Esa prenda -deportiva- que la mayoría de deportistas apenas utilizan porque prefieren entrenarse vestidos de indigentes, y que a cambio sirve de hábito a escolares, hiphoperos, yonquis, dictadores americanos o a los que salen poco.


Dos hiphoperos.

ESCOLARES: Desde hace unos años, en multitud de guarderías y colegios se ha instaurado el chándal como uniforme. Así, como ocurre con los uniformes tradicionales, los padres no tienen que pensar qué ropa ponen a sus hijos. Pero, además, los niños ya no se cambian para educación física.

Colores: Sudaderas en rojo, azul oscuro, verde, blanco, negro, gris y gris pero más cara. Pantalón: Azul oscuro.

A la venta en: Tiendas concertadas. Son caros y se necesitan varios.


HIPHOPEROS: Se presupone que van en chándal porque casi hacen deporte: bailan, rapéan, ponen poses... Aunque entonces no se entiende lo de las cadenas y los medallones. Pero igual lo del chándal no viene por ahí, sino porque como fue una de las últimas tribus en irrumpir, ya estaban todos los atuendos registrados y fueron a lo fácil. No se sabe. En cualquier caso, cuanto más caro sea el chándal, más guay.

Colores: Sobre todo en negro, naranja y multicolor. Pero también dorado, marrón o amarillo.

A la venta en: Tiendas de deportes oficiales o mercadillos.


YONQUIS: Los yonquis son prueba irrefutable de la resistencia de la prenda. Si los hiphoperos combinan el chándal con las cadenas, los yonquis lo hacen con complementos más cotidianos: además del chándal, el kit básico de yonqui incluye un periódico de anteayer enrollado y una lata de medio litro de Mahou Clásica o yonquilata.

Colores: Todos. Incluso en un mismo chándal.

A la venta en: Procedencias varias, inciertas en ocasiones.


DICTADORES AMERICANOS: Hugo Chávez lo puso de moda, y ahora el chándal es el uniforme oficial para mandar en Venezuela. También para intentarlo.



Chávez fue un entusiasta del chándal, y prueba de ello es que exportó el chandalismo a Cuba como un exponente más de la revolución bolivariana. Y en Cuba lo asimilaron de buen grado.

 


Colores: Los de la bandera de Venezuela, los de la bandera de Cuba o azul y blanco.
A la venta en: Subdelegación de Intendencia, Ministerio del Poder Popular para la Defensa, República Bolivariana de Venezuela, y Gobernación de Intendencia, Fuerzas Armadas Revolucionarias de Cuba, República de Cuba.

LOS QUE SALEN POCO: Éstos han convertido el chándal en la única prenda fuera del trabajo. Si son taxistas, igual también en la del trabajo. No importa si están en casa o en la calle, sólo varía el calzado: zapatillas de estar en casa por zapatillas. El modelo Guardia Civil es un clásico entre ellos.

Colores: Todos.

A la venta en: Carrefour y Alcampo, mayormente.


Si Chávez lo popularizó en Venezuela, en España fue Jesús Gil quien hizo grande el chándal años antes. De él en adelante, con el chándal vale todo, salvo llevar zapatos.

Los que se atreven con eso, o presumen de ser la vanguardia de la moda o son fashion victims sin saberlo. Si además de llevar chándal y zapatos, se añade una camisa de cuadros al atuendo, el vanguardismo se dispara.


Porque el chándal tiene sus particularidades. Si se lleva sólo la parte de arriba del chándal combinada con otros pantalones, se pasa inadvertido. Pero si es al revés, y uno no es la vanguardia del chandalismo, esa combinación delata que quien la porta se dedica a la limpieza.


El caso es que, seas lo que seas, siempre habrá un chándal para ti.