miércoles, 5 de febrero de 2014
Mataperros
En esta foto que circula ahora por feisbuc se dice en francés que el galgo de España está sufriendo un martirio y dan fe de ello dos perros ahorcados y dos pintamonas.
Y es cierto, y por desgracia no es nuevo. Desde hace décadas, cientos de cazadores hijos de puta dejan morir cada año a los galgos que ya no les son útiles: los abandonan a su suerte en el mejor de los casos, los tiran a pozos, o los cuelgan del cuello para que mueran lentamente, la práctica más habitual.
Lo curioso es que si uno se fija en la foto, se ve claramente que ni esos perros son galgos, ni esos dos tienen pinta de ser de por aquí.
Esto es de marzo de 2011, de Argentina, causó conmoción allí por entonces, hace tres años. Nada que ver con los galgos de España.
Ahora se utiliza esta foto con dos perros comunes de Argentina para hablar en defensa de los galgos de España.
Hemos comprobado que esto lo han maquinado en Bélgica. Lo compartió una página de feisbuc llamada Vinz, una radio de medio pelo de Bruselas. Chateamos con ellos sobre esto y la conclusión es que son tan educados como tarugos.
Pero es así de fácil llamar la atención en Internet. Crear, recrear, manipular y propagar una patraña, mentir, desacreditar y alarmar. Suele tener en la mayoría de los casos una única finalidad: que a su autor le compartan en masa y alcance así su momento de gloria.
lunes, 3 de febrero de 2014
Mujeres de ojos marrones
Hay mujeres de ojos marrones que nunca dicen que los tienen marrones, como mucho dicen que los tienen castaños, avellanos, pardos, miel o canela.
El resto de mujeres de ojos marrones directamente dice que los tiene verdes. Y lo suelen avalar afirmando que su marrón es más verde que cualquier otro, porque provienen de una saga familiar de ojos verde esmeralda. Por parte de padre.
Éstas, de las mujeres que de verdad tienen los ojos verdes, dicen que los tienen azules. De las que los tienen azules, que los tienen amarillentos. Y llaman ojos claros y/o grises a los que no son marrones.
Las mujeres de ojos marrones presuntamente verdes dicen que se los mires bien, a la luz, y miran para arriba.
Y si los tienen tan marrones que no pueden pasar por verdes, castaños, avellanos, pardos, miel o canela ni dándole las largas, dicen que los tienen negros.
El caso es no admitir que sus ojos son marrones, como si fuera un delito. Las únicas que se atreven a decir marrones es para añadirle verdosos.
Así que, para una mujer de ojos marrones que niega que los tiene marrones, ¿no existen las mujeres de ojos marrones? Sí: todas las mujeres de ojos marrones que dicen que los tienes verdes menos ella.
Y uno se pregunta: ¿por qué estas mujeres niegan el marrón? Y al momento uno se responde: porque está el azul cielo, el verde esmeralda, y, en otros ámbitos, el rojo pasión o incluso el amarillo chillón. Pero el marrón... Si te piden que relaciones el marrón con algo, no piensas en un oso.*
Es por eso.
* Un oso pardo. Tampoco se dice oso marrón.
domingo, 12 de enero de 2014
Un pelo de tonto
Luego ya, lo que esas páginas ofrezcan, a los de Feisbuc les importa un pito. Ellos cobran por enchufar contenidos a discreción ataviados de Publicación sugerida, a ver si te gusta.
Así descubrimos Fulfix, "una cura para la calvicie".
Fulfix es "un compuesto natural raro que "revive" el pelo para siempre", afirma Feisbuc, que añade que "EE.UU. ha descubierto un remedio natural que "revive" y estimula el crecimiento", e incluso asegura que "EE. UU. gana a la calvicie", para finalmente recalcar que son "los estadounidenses" quienes lo han descubierto.
Aunque cuando pinchas la Publicación sugerida, te sumerges en el prestigioso Hair Health Journal (Diario de Salud Capilar), que suma a la peculiaridad de "raro" que tiene este producto, que "revive" entre comillas el pelo, la cualidad de sorprendente.
Porque aquí ya ni "lo ha descubierto EE.UU." ni "los estadounidenses", sino que es "un remedio chino ancestral".
La confusión debe de venir porque el Hair Health Journal dice que la pócima ésta la ha creado una dermatóloga "estadounidense de origen chino", la doctora A. Chan.
Parece ser que A. trabajó durante dos décadas "como supervisora en numerosos ensayos clínicos" hasta que "finalmente descubrió el último ingrediente que le faltaba para conseguir un eficaz remedio que mantuvo en secreto durante casi veinte años". Esta frase no tiene sentido, pero qué más da.
"Se trataba de una hierba sumamente inusual que crece en los lugares más recónditos del planeta y cuya distribución y uso han estado estrictamente restringidos hasta ahora".
No se dice qué hierba es, pero sí que gracias a ella el nuevo producto es maravilloso, que "ha dejado boquiabierta a la ciencia" y que A. Chan lo ha patentado.
Se completa la descripción con tres enlaces a esta página tan verde, de Fulfix, donde se formaliza el pedido y donde Antonio, de 37 años, expone que "nuevos cabellos empezaban a crecer allí donde estaba calvo". Por el bien de Antonio, esperemos que no se refiera a las orejas, la espalda o el culo.
De entrar en esta página tan verde antes que en el prestigioso Hair Health Journal, sería más factible que miles de calvos pudieran llegar a creerse que Fulfix es eficaz, que no lo es, porque la página puede dar el pego: resulta tan creíble a simple vista como cualquier otra buena patraña de Internet, y la calvicie no mola.
Por eso es muy recomendable visitar antes el prestigioso Hair Health Journal, porque, aunque esta publicación la fundaron en exclusiva para avalar el producto, la cagaron.
Pero sí, en la página verde de Fulfix el crecepelos puede colar entre los calvos. Incluso gracias a los comentarios: ponen a un entusiasta del Fulfix con nombre de ex ciclista sancionado por dopaje, y a un incrédulo gañán que primero le acusa de vendido pero al final acaba comprando.
Hasta le dedican unos cuantos comentarios a fomentar la compra por Internet, que en ningún caso es peligrosa.
Y puedes comentar, a ver qué te dicen. Pero no te dicen nada, te acaban borrando lo que pongas, sea lo que sea: "vaya mierda de invento", "soy tonto, explicádmelo mejor" o "quiero uno, ¿qué hago?".
Probamos con éstos e incluso con este otro: "Buenas tardes. Me llamo Leopoldo, tengo 39 años y desde hace unos cuantos sufro de alopecia. Me ha cautivado el asombroso descubrimiento de la científica A. Chang y anhelo adquirir un tratamiento completo, cueste lo que cueste. Dispongo de Visa y Mastercard, ¿qué pasos debo seguir? Mi enhorabuena a la doctora A. Chang y ante todo muchas gracias y feliz Navidad" (era Navidad).
Éste no duro ni diez segundos.
lunes, 6 de enero de 2014
Dados a la ciencia
No tenía un duro, pero Robert Rodríguez logró rodar El Mariachi con 23 años. Buena parte de los cerca de 7.000 dólares con los que financió la película los ganó sirviendo de cobaya humana para la industria farmacéutica estadounidense, atiborrándose de sustancias para todo tipo de terapias y sufriendo sus efectos.
Fue sumando ensayos y efectos secundarios hasta que creyó que tenía suficiente dinero para hacer la película, y así, por ejemplo, conoció a un canadiense llamado Peter Marquardt, otra cobaya, que aunque no era actor acabaría haciendo de malo en El Mariachi. Rodríguez lo cuenta todo con detalle en el libro Rebelde sin pasta.
El director, productor, guionista y músico tejano tendrá para siempre unas desagradables cicatrices como evidencia física de algunas de las pruebas a las que fue sometido. Pero no parece que le hayan quedado secuelas psicológicas, pues tras El Mariachi ha dirigido otras 17 películas, todas producidas en Hollywood. También tiene una banda y hace un poco de todo.
En España también es posible servir de cobaya humana. Es lo que llaman ensayos clínicos.
Es posible ser un conejillo de Indias para experimentos dermatológicos, dietéticos, psicológicos, sobre el sueño o nuevas vacunas. Y hay montones de sitios, se puede elegir.
Normalmente, participar en un ensayo clínico reporta más ingresos cuanto más largo es el tratamiento. En Estados Unidos, la cantidad media diaria es de 120 euros. En España, por algunos ensayos, también. Así que la crisis ha aumentado notablemente el número de personas dispuestas a exponer su cuerpo a experiencias desconocidas para colaborar con la ciencia.
Pero está claro que aquí vamos a lo fácil y tiramos de lo que tenemos más a mano, pues el ensayo clínico más habitual, que acaparan los hombres, lejos de exponerlos a dudosos efectos adversos, se produce con deleite: la donación de semen.
Se supone que donar "es un acto altruista"y "solidario" y "no se puede pagar por el semen". Así que, como "no se puede", lo denominan "compensación por las molestias ocasionadas". Un 'tratamiento' de estos reporta al donante entre 30 y 50 euros por donación/paja. Y en los laboratorios se suelen demandar 25. Así que, a 40 euros: 1.000 pavos.
El caso es que las mujeres se prestan menos a donar porque hacerlo no es agradable, pero se cuentan por millares los hombres que están dispuestos a donar su semen y a recibir una compensación económica "por las molestias y el tiempo perdido".
Muchos acuden hasta con argumentos vocacionales, pues de por sí ya se molestaban en perder el tiempo a diario realizando donaciones a fondo perdido, incluso en repetidas ocasiones, como Jero Pah. Así que por qué no amortizarlo.
Fue sumando ensayos y efectos secundarios hasta que creyó que tenía suficiente dinero para hacer la película, y así, por ejemplo, conoció a un canadiense llamado Peter Marquardt, otra cobaya, que aunque no era actor acabaría haciendo de malo en El Mariachi. Rodríguez lo cuenta todo con detalle en el libro Rebelde sin pasta.
El director, productor, guionista y músico tejano tendrá para siempre unas desagradables cicatrices como evidencia física de algunas de las pruebas a las que fue sometido. Pero no parece que le hayan quedado secuelas psicológicas, pues tras El Mariachi ha dirigido otras 17 películas, todas producidas en Hollywood. También tiene una banda y hace un poco de todo.
Malagueña Salerosa en la Premiere de Kill Bill 2.
En España también es posible servir de cobaya humana. Es lo que llaman ensayos clínicos.
Es posible ser un conejillo de Indias para experimentos dermatológicos, dietéticos, psicológicos, sobre el sueño o nuevas vacunas. Y hay montones de sitios, se puede elegir.
Normalmente, participar en un ensayo clínico reporta más ingresos cuanto más largo es el tratamiento. En Estados Unidos, la cantidad media diaria es de 120 euros. En España, por algunos ensayos, también. Así que la crisis ha aumentado notablemente el número de personas dispuestas a exponer su cuerpo a experiencias desconocidas para colaborar con la ciencia.
Pero está claro que aquí vamos a lo fácil y tiramos de lo que tenemos más a mano, pues el ensayo clínico más habitual, que acaparan los hombres, lejos de exponerlos a dudosos efectos adversos, se produce con deleite: la donación de semen.
Se supone que donar "es un acto altruista"y "solidario" y "no se puede pagar por el semen". Así que, como "no se puede", lo denominan "compensación por las molestias ocasionadas". Un 'tratamiento' de estos reporta al donante entre 30 y 50 euros por donación/paja. Y en los laboratorios se suelen demandar 25. Así que, a 40 euros: 1.000 pavos.
A éstos le salen 1.200 euros porque pagan a 48 la donación/paja.
También ha engordado considerablemente el número de mujeres donantes de óvulos, que reciben entre 600 y 900 euros por una donación nada placentera, pues conlleva cirugía y visitar la clínica casi a diario durante un mes.
Estas donaciones tampoco pueden pagarse, por lo que se disfrazan de "oportunidad de realizarse un examen clínico completo sobre su fertilidad y su estado general de salud de manera gratuita" (la "compensación económica" sólo ocupa un paréntesis -como éste-).
Muchos acuden hasta con argumentos vocacionales, pues de por sí ya se molestaban en perder el tiempo a diario realizando donaciones a fondo perdido, incluso en repetidas ocasiones, como Jero Pah. Así que por qué no amortizarlo.
Quién te lo iba a decir.
Si te decides, ya sabes que el semen "se recoge por masturbación", aunque en este emotivo vídeo se aporta un incentivo añadido: "para eso tenemos habilitado un lavabo con material gráfico".
Eso sí, vas a ir 25 veces. Pide que lo vayan renovando.
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